Entrevista a Blas Piñar

Entrevista realizada por el periodista Bernardo Gil Mugarza

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Blas Piñar durante su intervención en el debate de la moción de censuta en el pleno del Congreso

-Señor Piñar ¿qué recuerdos tiene de sus padres?

  • Los tengo muy vivos. Mis padres me enseñaron con su palabra y su ejemplo a amar y a servir a Dios y a España.

– ¿Cómo vivió su infancia?

  • Creo que fui un chico precoz. Por eso viví intensamente mi infancia. Travieso, por añadidura, me rompí, en ocasiones diferentes, un brazo, viviendo en Cartagena, y una pierna, viviendo en Toledo. En Alicante hice parte del bachillerato y presencié en mayo de 1931, poco después de proclamada la República, la quema de iglesias y conventos.


– ¿Era necesario el Alzamiento? ¿Por qué?

– Absolutamente necesario, porque la República de 1931 llevó a la nación a una ruina total. El Alzamiento cumplió con las máximas exigencias morales. Supuso, metafóricamente hablando, una operación quirúrgica, pero, además, el punto de partida de un Estado al servicio de España y del bien común.

– ¿Es cierto que su padre defendió el Alcázar?

  • Sí. Mi padre, comandante de Infantería al producirse el Alzamiento, era profesor de Balística en la Academia militar. Fue defensor del Alcázar y sufrió graves heridas durante el asedio, por lo que se le declaró mutilado de guerra. Ello no le impidió que, al liberar la fortaleza, continuase en el frente. Está enterrado en la cripta del Alcázar.

– Usted conoció a Antonio Rivera (El ángel del Alcázar) ¿Cómo era?

  • Para mí, y para los que trabajamos con él en el apostolado seglar juvenil, un modelo de alegría cristiana, de voluntad firme y de virtudes teologales y cardinales.

– ¿Estuvo su madre en el Alcázar? ¿Por qué razón no se incorporó usted a la fortaleza?

  • El entonces coronel Moscardó, estimando, desde el punto de vista militar, que la presencia de la familias de los defensores no era conveniente, sino perjudicial, no quiso que su mujer y sus hijos subieran a la fortaleza, aconsejándolo así a sus compañeros de armas. Mi padre entendió, sin duda, que se trataba de algo más que de un consejo, y nos ordenó a mi madre, a mi hermana y a mí que nos quedáramos en casa. La decisión, correcta desde el punto de vista castrense, costó la vida a Luis Moscardó, hijo del coronel.

– ¿Dónde y cómo pasó usted la guerra?

  • Pasé la guerra en Madrid, adonde, con muchas dificultades, pudimos llegar mi madre, mi hermana y yo. Encontramos refugio en la Embajada de Finlandia, que fue asaltada por los rojos el 4 de diciembre de 1936. Estuve en la cárcel de San Antón y, más tarde, al conseguir la libertad, en la legación de Paraguay, de donde tuvimos que salir al ser asaltado el consulado de Perú, que estaba en el mismo edificio. Unos buenos amigos nos buscaron alojamiento en la que había sido Embajada de Austria, que también asaltaron las milicias. Tuvimos la protección de dos personas, a las que no puedo olvidar: don José Gómez Segalerba, médico militar y don Ramón Miró Noriega, interventor civil de guerra. Poco antes de entrar en Madrid los nacionales, ocupé, con mis compañeros de una escuadra de Falange, la emisora de radio de la Marina, en la Ciudad Lineal.

– ¿Qué es usted por naturaleza, optimista o pesimista?

  • Soy realista y comparto, desde esa realidad, el optimismo cristiano.

– ¿Le gusta meterse en problemas?

  • No me gusta. Pero frente a la comodidad prima el deber, que te incita no sólo a contemplar los problemas, sino a tratar, en lo posible, de resolverlos.

– ¿Cuándo se politizó usted y por qué?

  • Cuando la experiencia me dijo que el Estado liberal, que es un Estado de puro derecho positivo, sin fundamento sólido, corrompe moralmente y acaba con la verdadera libertad. Por otra parte, el Estado marxista, con su idolatría totalitaria, no sólo aplasta todas las libertades, sino que su economía colectivizada empobrece al pueblo y le conduce a la miseria.

– Su primera fama y destitución le llegó con su artículo Hipócritas en ABC. ¿Se arrepiente de haberlo escrito?

  • No puedo arrepentirme porque lo sucedido desde aquel entonces -enero de 1962- confirma todo cuanto dije en Hipócritas.

  • ¿Por qué creó usted en 1966 la revista Fuerza Nueva?

  • Porque me dí cuenta de que el proceso de destrucción del Régimen del 18 de Julio, nacido de la Cruzada, estaba actuando por dentro. Para acabar con el Régimen se estimó que las termitas eran más eficaces que las cucarachas, y las termitas iban carcomiendo el Sistema. La revista Fuerza Nueva, con su portada inicial: “El 18 de Julio ni se pisa ni se rompe”, era, a la vez, una advertencia y un llamamiento.

– ¿Qué tirada tenía?

  • Tirábamos 30.000 ejemplares. El número de suscriptores llegó a ser, exactamente, de 12.042.

– ¿Cómo fueron sus relaciones personales con el almirante Carrero Blanco?

  • Muy buenas y cordiales. Un día en su despacho, y al despedirse, me dijo: “Siga adelante. Detrás de usted hay mucha gente; y el primero yo”.

– ¿Es cierto que habló de usted para el cargo de ministro?

  • No sólo se habló, sino que se me propuso en dos ocasiones.

– ¿Qué supuso para el Régimen el asesinato de Carrero?

  • Su óbito virtual.

– ¿Sería excesivo decir que la democracia española nació matando con ETA, GRAPO y FRAP?

  • No nació, sino que la acompañó solidariamente, porque democracia liberal y terrorismo perseguían idéntico fin: la desaparición del Estado nacional.

– ¿Cómo era Franco?

  • Un católico practicante, un español excepcional, un estadista hábil y un militar preparado profesionalmente que consiguió la primera victoria contra el comunismo y sus cómplices.

– ¿Qué relaciones mantuvo usted con el Caudillo?

  • Solamente las que tenían algo que ver o con la Dirección del Instituto de Cultura Hispánica o con mi designación de consejero nacional.

– ¿Encarnaba Franco la España eterna?

  • El profesor Corts Grau escribió un precioso libro titulado Motivos de la España eterna. Partiendo de tales motivos -es decir, de la roca sobre la cual se edifica para que la construcción no se desmorone- Franco, por encima de intereses de grupos o corrientes políticas, consagró su vida a la Patria.

– ¿Cuáles fueron los principales errores del Régimen?

  • A mi juicio: 1) convertir el Movimiento -palabra que implica dinamismo vital- en burocracia tecnócrata, que se distanció de la doctrina (de los Principios) y aceptó el Crepúsculo de las ideologías; 2) no combatir con instrumentos legales y táctica coherente la actividad política manifiestamente ofensiva de una parte, docente y discente de la Iglesia que, como demostró la Asamblea Conjunta de obispos y sacerdotes , renegó de la Cruzada, bendecida por la Pastoral Colectiva de 1937; 3) permitir que las personas manifiestamente hostiles al Sistema ocupasen en el mismo, en los medios de comunicación y en enmascaradas manifestaciones artísticas y culturales, a los más altos niveles, puestos de la mayor influencia y responsabilidad.

– En 1976 las Cortes aprobaron el proyecto de ley de Reforma Política por 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones. ¿Qué opina usted de aquel hara-kiri del franquismo?

  • Fue el suicidio del Régimen, por la deslealtad de los que habían jurado ser leales.

– ¿Se hizo el cambio político desde la legalidad?

  • Todo fue un auténtico contrafuero. Incluso la Constitución es ilegal, pues las Cortes que la aprobaron no fueron convocadas -como lo fueron las de la II República- como Cortes constituyentes.

– ¿Cabe pensar que de 1975 a 1977 el rey Juan Carlos I tuvo unos poderes omnímodos?

  • Creo que esos poderes fueron compartidos. Por eso, la responsabilidad es omnicomprensiva y abarca a quienes desde la entraña del Sistema propugnaron, no la reforma, sino la ruptura.

– ¿Qué camino se debiera haber seguido tras la muerte de Franco?

  • Haber realizado la auténtica reforma. Similar a la que al hacer examen de conciencia nos remite, para corregirnos, a los Mandamientos.

– ¿Qué es lo que ha quedado del franquismo?

  • El recuerdo agradecido de quienes no han manchado su conciencia y la lección de un catolicismo apostólico y de un patriotismo a toda prueba.

– ¿Cree razonable que España entregara el Sáhara a Marruecos?

  • Nadie quería el Sáhara cuando parecía que era sólo un desierto. Sólo España realizó allí una obra magnífica, con evidente sacrificio. La aparición de los superfosfatos y la posibilidad de que allí hubiera petróleo, estimuló todas las ambiciones. De ahí la aparición del Polisario y de ahí, también, su ambigüedad y la constante marginación y aplazamiento de su problema. España no debió abandonar el Sáhara.

– ¿Era aquella España mejor que la actual? ¿En qué sentido?

  • Desde luego: moralmente, culturalmente, politicamente, economicamente y militarmente.

– ¿Por qué razón creó usted en 1976 el partido político Fuerza Nueva?

  • Porque, verificada la Transición política y abierta la puerta a los partidos, estimé que, no siendo partidario de los mismos, en tanto pueden decidir sobre lo fundamental e intangible, había que configurarse como uno más para defender y hacer llegar a los españoles las ideas básicas de Dios, Patria y Justicia, que el nuevo Régimen, como demuestra la realidad de la que somos testigos, no sólo soslaya sino que desconoce o conculca.

– ¿Practicaba Fuerza Nueva la violencia gratuita como decían sus adversarios? ¿Es usted violento?

  • No me remuerde la conciencia de haber ordenado y ni siquiera insinuado un acto de violencia. He justificado, es cierto, la legítima defensa.

– ¿Qué opina usted en general de la violencia?

  • Me remito a San Agustín, para el cual una bofetada puede ser fruto de la caridad y una caricia una invitación al pecado.

– ¿Por qué tiene usted enemigos tan poderosos y tan declarados?

  • Quizás por lo que represento.

– ¿Ha recibido usted muchas amenazas durante su vida política?

  • Amenazas escritas y telefónicas, muchas. De día y de noche. Me volaron el coche, en una ocasión, y, efectivamente, hubo tiros, muchos tiros, en uno de nuestros actos en el frontón Anoeta de San Sebastián.

– Su mitin en la plaza de las Ventas, en julio del 78, impresionó a sus adversarios. ¿Qué recuerda de aquel acto?

  • Todos nuestros actos tuvieron una asistencia multitudinaria y fervorosa. Los que celebramos en la Plaza de Toros de Las Ventas no fueron una excepción. De ellos recuerdo muchas cosas, pero en especial, los disparos del Grapo contra algunos de los nuestros.

– ¿Con qué apoyos financieros contaba Fuerza Nueva?

  • Con el de nuestros bolsillos y con algunos donativos de quienes, por miedo o por prudencia, no querían dar su nombre.

– ¿Cuántos afiliados tenía Fuerza Nueva?

  • Yo, personalmente, firmé unos 25.000 carnets de afiliados. Además -no sé el número- había los de Fuerza Joven y lo de Fuerza Nacional del Trabajo.

  • ¿Perdió usted dinero con el partido?

  • No puedo decir que se trata de dinero perdido. No se pierde lo que se entrega para una causa justa.

– En 1979 indicaba la prensa que usted era el político que más declaraba a Hacienda. ¿Era por honradez o falseaban los demás sus declaraciones?

  • No puedo opinar sobre declaraciones de carácter fiscal hechas por otros. Yo no las he falseado jamás.

  • ¿Cuántos votos obtuvo usted en las elecciones de 1979?

  • 374.000 en toda España (nos presentamos en todas las circunscripciones electorales). En Madrid obtuve 110.000 votos y fui elegido diputado por Unión Nacional.

  • ¿Como vivió sus años de diputado?

  • Creo que me gané el respeto de la Cámara. Mis intervenciones fueron escuchadas con atención y aforo completo. Las relaciones personales fueron muy pocas. Ni los adversarios políticos de siempre, ni los tránsfugas del franquismo, podían simpatizar con mi postura. Hubo excepciones, claro es, en los dos campos, pero fueron muy pocas.

– ¿Por qué cerró el diario El Alcázar en abril del 87? ¿Le perjudicó la medida?

  • Concurrieron circunstancias externas e internas, y no fueron mínimas las de carácter económico. Nosotros les ayudamos en un momento clave con doce millones de pesetas, que no recobramos. Por supuesto, que el cierre nos perjudicó, ya que a pesar de que el apoyo de El Alcázar no fue tal y como esperábamos, era, con El Imparcial, el único diario madrileño que publicaba nuestras colaboraciones y daba, a veces, información fidedigna de nuestros actos.

– ¿Dañó a su partido la teoría del voto útil?

  • Muchísimo. El voto útil fue y sigue siendo el voto del miedo o el voto del interés. Desgraciadamente, como decía don José Guerra Campos, el número de interesados es infinitamente mayor que el número de los idealistas. Mi frase repetida, “Tu aplauso, un voto”, no fue escuchada.

– Tras las elecciones de 1982 se disolvió Fuerza Nueva. ¿Sigue considerando acertada esa decisión?

  • La considero, al menos, no desacertada; y ello por varios motivos: porque no podíamos asumir los riesgos de todo tipo en un Régimen -Gobierno y Oposición al mismo- que nos perseguía con el máximo rigor, sin obtener, pese a las concurrencias multitudinarias a nuestros actos, éxitos electorales; porque estábamos asfixiados económicamente y nos era imposible mantener un mínimo de presencia en la vida pública; y, porque, aun dejando de ser partido político, seguiríamos nuestra labor con esperanza de futuro, a través de la editorial, de la revista y de las asociaciones que creamos inmediatamente a fin de mantener el fuego sagrado.

  • ¿Cómo fueron sus relaciones con Fraga? ¿Es cierto que él presionó a los Bancos para que no concedieran ningún crédito a Fuerza Nueva?

  • No demasiado buenas. Fraga fue uno de los hombres importantes del franquismo, que preconizó la falsa reforma. Desde su artículo en ABC sobre la Derecha posible, a su coautoría de la Constitución rupturista de 1978, hay una actitud permanentemente manifestada de desprecio hacia nosotros. Por otra parte, no tengo noticia de esa presión de Fraga sobre los Bancos. Lo cierto es que no obtuvimos ni pedimos créditos a las instituciones financieras.

– ¿Quién ha tratado peor a Fuerza Nueva, la UCD, el PSOE o el PP?

  • Todas las fuerzas políticas del Régimen se han comportado muy mal con Fuerza Nueva. Ello no quiere decir que algunos de sus militantes no hayan estado respetuosos y hasta, en ocasiones, afectuosos conmigo y con nuestro grupo. En este sentido podría dar nombres, aunque pocos. La campaña de calumnias y hasta el repetido intento de ilegalizarnos son pruebas evidentes de ese maltrato.

– ¿Qué opinión tiene sobre la monarquía en general y sobre la que tenemos en particular?

  • Una cosa es la monarquía y otra sus apariencias. A una monarquía aparente, que había perdido su identidad, es decir, la unidad de poder, con las limitaciones naturales, se refirió José Antonio. La monarquía es algo más, mucho más que la Corona. Hoy, en España, no tenemos una monarquía auténtica, sino una Corona desprendida de la institución monárquica y puesta sobre un régimen político que nada tiene que ver con aquella institución.

– ¿Qué recuerda de sus entrevistas con el príncipe Juan Carlos y actual rey?

  • No puedo olvidar las conversaciones que mantuve con él. En alguna ocasión fue el propio Juan Carlos, siendo príncipe, el que me llamó a La Zarzuela. En una audiencia en la que me acompañó un numeroso grupo de dirigentes muy cualificados de Fuerza Nueva, le reproché, en voz alta, que nos llamara “monopolizadores del patriotismo”. Lo encajó bien. Nos acompañó hasta el final de la escalera que da acceso al Palacio. Delante de todos, y sonriendo, me dio un fuerte abrazo de despedida. Conservo la foto.

  • Usted ha conocido muchas personalidades extranjeras. ¿Podría hablarme de algunas? ¿Qué trato ha tenido con líderes nacionalistas como Horia Sima, Almirante, Le Pen, etc…?

  • Sería interminable hablar de ellos. Aguinaldo, en Filipinas, al que visité dos veces, me hablaba profundamente emocionado de la Madre España. Alfredo Stroessner, en Paraguay, era un gran admirador de Franco. Augusto Pinochet, siempre, en el poder y fuera del poder, ha hecho pública su amistad conmigo. Con Eduardo Frei, antes de ser presidente de Chile, tuve muy buenas relaciones, aunque no de signo político, pues era antifranquista. Con Giorgio Almirante y Jean Marie Le Pen combatimos por una Europa muy distinta de la que dibuja la Constitución que se nos propone. Almirante, que amaba sinceramente a España, era un gran señor, al que acompañé en muchos actos. Juntos hablamos en Italia, en Francia y en España. Me brindaron sus consejos, generosamente, el rumano Horia Sima, el belga Leon Degrèlle y el portugués Pedro Soares Martinez.

– ¿Qué relaciones mantuvo con monseñor Lefèbvre?

  • Muy buenas. No he pertenecido ni pertenezco a la Hermandad de San Pío X, por la que tengo gran respeto; pero de monseñor Lefèbvre conservo cartas preciosas en las que me alentaba a proseguir mi lucha y en las que siempre hacía alusión a los mártires de nuestra Cruzada.

– Usted tiene un gran parecido físico con José Antonio. ¿Es cierto que le propusieron ese papel en una película?

  • Sí, es cierto.

– ¿La paz es un fin en sí mismo?

  • La paz, dice el texto sagrado, es fruto de la justicia.

– ¿Qué diferencias hay entre un pacífico y un pacifista?

  • El pacífico es el que contempla las Bienaventuranzas, es decir, el que predica y practica la justicia. El pacifista es algo parecido -con su paz a toda costa- al pazguato.

– ¿Qué opina de la objeción de conciencia?

  • La objeción de conciencia al servicio militar que es, sin duda, por la que me pregunta, no la comparto. Se trata de una excusa equivocada o falsa para no cumplir con un deber cívico.

– ¿Cuándo es justa la guerra?

  • Cuando cumple con las exigencias de la moral cristiana.

– ¿Qué opina usted del supuesto golpe de Estado del 23-F?

  • Opino que fue, tal y como se produjo, un error, aunque la intención de los que participaron en el mismo fuera buena y contara con cierto tipo de aprobaciones y estimulantes políticos. El manoseado y repetido “golpe de timón”, que se pedía públicamente y por personalidades del Sistema, a fin de enderezar y fortalecer la “democracia” en peligro, insinuaría esa dirección desde arriba que la pregunta sugiere.

– ¿Cómo vivió aquella noche?

  • Me sobresaltó la entrada del teniente coronel Tejero y sus acompañantes. No tenía la menor noticia del hecho que acababa de producirse. Me llamó la atención que no hubiera resistencia por parte de la fuerza pública y de los escoltas de quienes estaban en el hemiciclo o en el banco del Gobierno. Sería largo contar todo lo sucedido aquella noche. Me tranquilizaba saber que quienes ocupaban el Congreso no eran terroristas. En la mañana del 24, al salir de la Cámara, Tejero, dirigiéndose a Fraga, dijo en voz alta: “Usted peor que Carrillo”.

– ¿Es cierto que usted vio la lista de los ministros que proponía Armada, la cual impulsó a Tejero a impedirle la entrada en el Parlamento?

  • Absolutamente cierto.

  • ¿Es usted reaccionario?

  • Si por reacción no se entiende retroceso o retrógado, lo soy. Reaccionar ante lo injusto es signo de vitalidad.

– ¿Qué juicio le merece la actual Constitución?

  • Pésimo, porque a su amparo, y gobernando unos u otros, se ha comportado de forma anticonstituyente, descristianizando al pueblo español y desnacionalizando a España. Al primero, lo paganiza, y al segundo lo convierte en una simple superestructura jurídico-política, es decir, en un Estado plurinacional.

– En 1980 decía usted en Tarragona que España es un manicomio en régimen de autogestión. ¿Sigue opinando lo mismo?

  • No sigo opinando exactamente lo mismo, porque los internos han blindado las puertas y ventanas del manicomio, y se impide la entrada de los médicos y de las medicinas.

– ¿Estamos aún a tiempo de acabar con el separatismo? ¿Cómo?

  • Si no es verdad que en todo caso “la unión hace la fuerza”, sí lo es el “divide y vencerás”. En política, el factor idiosincracia del pueblo, lo que podríamos denominar psicología colectiva, exige confeccionar y aplicar los esquemas doctrinales en función de lo que la experiencia histórica pone de manifiesto. Por lo que respecta al pueblo español, esa experiencia nos indica que lo centrífugo individualista pesa más que los centrípeto integrador. Entregar el poder a quienes propugnan, sin violencia o con ella, el separatismo, es un crimen de lesa patria, que ha cometido el actual régimen y que ha puesto en grave peligro la unidad histórica y política de España. El combate contra el separatismo será largo; pero más largo y más difícil si no se empieza pronto, terminando, para empezar, con el Estado de las autonomías.

– Si el aborto es un crimen, ¿cómo calificar a todos los gobiernos europeos que lo protegen y fomentan?

  • Si el aborto, según el Concilio Vaticano II, es “un crimen abominable”, creo que tales gobiernos, como el español, que lo han legalizado, merecen el calificativo de autores, cómplices o encubridores los que de una u otra forma cometen o ayudan a cometer tan repugnante delito, que niega el primero y principal de los derechos humanos, que es el derecho a la vida.

– ¿Qué opina sobre la inmigración?

  • La inmigración verdadera beneficia no sólo a los inmigrantes sino a los países de salida y de recibo. Pero la inmigración descontrolada, ilegal y masiva -cuyos orígenes y causas valdría la pena examinar- es una invasión sumamente nociva, y en todos los órdenes.

– ¿Es cierto, como decía Pablo VI, que “el humo de Satanás” ha entrado en la Iglesia?

  • Es cierto. Lo que no dijo es si había entrado al asalto, rompiendo las ventanas o porque alguien, desde dentro, las abrió.

– ¿Fue positiva la influencia del Vaticano II?

  • Este Concilio fue pastoral y no dogmático. Hay documentos preciosos, concordes con la doctrina tradicional de la Iglesia. Otros, han dado origen a interpretaciones no sólo distintas sino contradictorias con esa doctrina. No puedo aquí y ahora comentarlos. En todo caso, las interpretaciones postconciliares han hecho posible, como decía Romano Amerio, que hoy, aunque tenemos un solo Papa, tengamos también Iglesias distintas, fruto de las divergencias con respecto al dogma, a los sacramentos, a la liturgia y a la disciplina. Desgraciadamente, aunque se está tratando de poner remedio, no fue positiva la influencia del Vaticano II.

– ¿Podría decirse que al nacionalcatolicismo le ha sucedido un democatolicismo errático?

  • Estimo que sí. Las consecuencias de todo lo que es erróneo y errático las estamos padeciendo.

– ¿Ha cambiado la actitud de la masonería respecto a la Iglesia?

  • En absoluto. La caída del bloque soviético, al menos en Europa, ha hecho que la masonería, desembarazada, en parte, de ese enemigo, tenga, en los campos político y económico, más despejada su histórica meta de destruir el cristianismo; y son bien visibles sus avances acelerados en España y fuera de España.

  • ¿Y la de la Iglesia respecto a la masonería?

  • Me remito al nuevo Código de Derecho canónico, cuyo texto ha sido revisado gramaticalmente en cuanto al tema de la masonería se refiere.

– ¿Qué obispos españoles han sido los más ejemplares en el último medio siglo?

  • Para mí, durante la Cruzada, el cardenal Gomá, y después de la Cruzada, don José Guerra Campos.

– ¿Qué opinión le merece a usted monseñor Tarancón?

  • En mi libro Mi réplica al cardenal Taracón, contestando al suyo, publicado post mortem, Confesiones, doy mi opinión y la documento. Otros prelados, que están en la mente de todos, fueron sus eficaces colaboradores en lo que yo llamé la transición eclesial.

– ¿Qué defecto perdona usted más facilmente?

  • La ignorancia, como carencia, y el error invencible.

– ¿Cuál le parece el más detestable?

  • La infidelidad en todos los órdenes, es decir, la quiebra injustificada de la amistad, la deslealtad política y la apostasía religiosa.

  • ¿En qué consiste la felicidad?

  • En tener la conciencia tranquila por haber cumplido y tratar de cumplir lo que demanda Dios, lo que te pide la Patria y lo que exige la Justicia.

– Para usted, ¿qué es la vida?

  • Un don de Dios, cuyo objetivo no es gozar, sino servir.

– ¿Y la muerte?

  • Un nuevo nacimiento, el nacimiento a la Vida eterna. Por eso, el dolor de la muerte es algo así como el dolor del parto.

– ¿Qué se siente cuando miles de personas le aclaman a uno?

  • Una mezcla de vanidad estúpida y de vergüenza al pensar en uno mismo.

– ¿Qué elogio ha recibido usted que no haya olvidado?

  • Unas palabras de Carmencita Franco, la hija del Caudillo. En una visita al Palacio del Pardo, cuando el general estaba enfermo de muerte, me dijo, dándome la mano: “Blas, gracias por todo lo que estás haciendo por mi padre”.

– ¿Cuál ha sido el día más amargo de su vida?

  • Fueron varios: los de la muerte de mis padres y el día en que las Cortes de Franco, al hacerse el hara-kiri, pisotearon la Cruzada y la sangre heroica y martirial, que se derramó en la llamada guerra de los mil días.

– ¿Y el más feliz?

  • El de la Victoria del 1 de Abril de 1939.

  • ¿Es indispensable ser culto para ser feliz?

  • No. A veces hace infeliz el exceso de cierta cultura.

  • ¿A qué personaje histórico admira más? ¿Por qué?

  • A don Juan de Austria, el vencedor de Lepanto. Si la Reconquista nos liberó del islamismo en la península, Lepanto evitó, en gran medida, la dominación islámica de Europa.

– ¿Qué acontecimiento histórico le hubiera gustado vivir?

  • La conquista de Granada por los Reyes Católicos.

  • ¿Qué tipo de música le gusta?

  • La clásica y la folklórica.

– ¿Cabe decir que usted ha sido un hombre influyente?

  • No lo sé, entre otras cosas porque la influencia verdadera se aprecia con el transcurso de los años.

  • ¿A quién odia usted?

  • El odio no es siempre un pecado. No le es, por ejemplo, el odio al odio. Yo tengo, en todo caso, y muy presente, la frase en el Alcázar de Toledo de Antonio Rivera: “Disparad, pero disparad sin odio”.

– ¿Qué ha perdido usted y qué ha ganado con los años?

  • He perdido la ilusión por cosas que la vida me ha demostrado que son secundarias o banales. He ganado o cosechado años, y lo que es más importante, criterio para discernir sobre personas, proyectos e instituciones.

– ¿Le ha apuñalado alguien por la espalda?

  • Tanto como apuñalarme en sentido físico, no. En sentido figurado, sí.

– ¿Cuál ha sido su mayor equivocación política?

  • Creer que todo el que se autollama patrióta verdaderamente lo es.

– ¿Y su mayor ingenuidad?

  • Esperar recompensas en esta vida por el sacrificio y la entrega desinteresada al servicio de causas nobles.

– ¿Qué condiciones debe reunir un líder?

  • Unas convicciones firmes; una voluntad de acero para continuar, no obstante los obstáculos, y una conducta que no contradiga lo que se propone y defiende.

– Después de tantos años de experiencia ¿cuál es para usted la regla de oro de la acción política?

  • La prudencia, como virtud cardinal.

– ¿Cuál es la utopía más funesta de las que ahora dominan el mundo?

  • Entiendo que aquella que estima que el hombre y la sociedad en que el hombre vive pueden precindir de la Verdad revelada, del Derecho natural y de la Moral objetiva.

– Si pudiera remediar los males de la humanidad ¿por dónde empezaría?

  • Por la escuela y la familia.

– La revista Fuerza Nueva se sigue editando desde hace casi 40 años. ¿Ello se debe a un milagro o a su propio tesón?

  • Cada vez que me llega la revista, en un medio como el que nos rodea, hostil o algodonante, pienso en el “milagro”.

– ¿Quiénes son sus lectores?

  • La verdad es que no tenemos fichas de suscriptores -y por supuesto ni de lectores- en las que conste la edad y la profesión de los mismos. Presumo que la mayoría son de clase media para abajo.

– ¿Cuántos números han salido hasta ahora?

  • 1.311 al día de hoy, 1 de junio de 2005.

– ¿Cuántas veces fue secuestrada?

  • En cinco ocasiones.

– ¿Es cierto que Correos boicotea la distribución de la revista?

  • Durante un tiempo largo, que ya pasó, así fue. Nuestras quejas a las autoridades fueron desoidas. Es verdad que en una ocasión los ejemplares de la revista fueron quemados en el Palacio de Comunicaciones.

– ¿Qué le ha animado a usted a escribir sus tomos de Memorias?

  • Dejar constancia, para la Historia que se escriba con objetividad, de lo que fue la Transición.

  • ¿Dígame cinco libros o escritores que hayan ejercido gran influencia sobre usted?

  • Ramiro de Maeztu (Defensa de la Hispanidad); Manuel Siurot (La emoción de España); José Corts Grau (Motivos de la España eterna); Príncipe Sturdza (El suicidio de Europa) y Divo Barsotti (La via del ritorno).

– ¿Cuáles son sus principales aficiones?

  • La lectura y la natación.

– ¿Gobierna el Gobierno?

  • Los gobiernos del Régimen actual, de uno u otro signo, no han hecho otra cosa que desgobernar.

– ¿Duraría mucho una España rota, a la yugoslava, unida sólo por el vínculo de la monarquía?

  • No la monarquía, hoy meramente nominal, sino también la corona, aunque fuese reconocida como tal por los nuevos reinos y repúblicas de taifas, como algunos proponen, no mantendría la unidad de España, que la Constitución de 1978 considera indivisible.

– ¿Cree usted que llegará a reinar algún día el príncipe Felipe?

  • No soy profeta. Pero el equilibrio inestable en el que hoy vivimos lo pone difícil.

– ¿Qué vive actualmente Europa, la prosperidad o la decadencia?

  • Spengler, y no sólo él, previeron la decadencia de Occidente, que incluye a Europa. Cuando los hombres o las naciones pierden su alma pierden la vida.

– ¿Cómo debería ser la Europa del futuro?

  • Para ser Europa, y no sólo de nombre o geografía, tienen su habitantes que fortalecer su conciencia de europeos, reencontrar sus raíces comunes y aprender las lecciones -no siempre gratas- que les ofrece de modo didáctico la Historia. Sólo así pueden iniciarse y asegurarse con garantías la “Unión”. “Unión” que coordine y no destruya ni las mejoras sociales, ni el prestigio, ni la defensa del continente, ni la independencia de las naciones que han de considerarse y comportarse como hermanas.”
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